Arroyos en el desierto - 31 de octubre

Del mismo modo, también el Espíritu ayuda a nuestras enfermedades; porque no sabemos por qué orar como debemos; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no se pueden pronunciar. Y el que busca los corazones sabe lo que es la mente del Espíritu, porque intercede por los santos según la voluntad de Dios (Romanos 8: 26-27).

Este es el profundo misterio de la oración. Este es el delicado mecanismo divino que las palabras no pueden interpretar, y que la teología no puede explicar, pero que el creyente más humilde sabe incluso cuando no comprende.

¡Oh, las cargas que amamos llevar y no podemos entender! ¡Oh, los alcances inarticulados de nuestros corazones por cosas que no podemos comprender! Y, sin embargo, sabemos que son un eco del trono y un susurro del corazón de Dios. A menudo es un gemido en lugar de una canción, una carga en lugar de un ala boyante. Pero es una carga bendecida, y es un gemido cuyo trasfondo es la alabanza y la alegría indescriptible. Es "un gemido que no se puede pronunciar". No podríamos expresarlo siempre, y a veces no entendemos más que Dios está orando en nosotros, por algo que necesita su toque y que él entiende.

Y así podemos derramar la plenitud de nuestro corazón, la carga de nuestro espíritu, la tristeza que nos aplasta, y saber que Él escucha, ama, comprende, recibe; y Él separa de nuestra oración todo lo que es imperfecto, ignorante e incorrecto, y presenta el resto, con el incienso del gran Sumo Sacerdote, ante el trono en lo alto; y nuestra oración es escuchada, aceptada y respondida en su nombre.

--AB Simpson

No es necesario estar siempre hablando con Dios o siempre escuchando de Dios, para tener comunión con Él; Hay una comunión inarticulada más dulce que las palabras. El niño pequeño puede sentarse todo el día junto a su madre ocupada y, aunque se hablan pocas palabras en ambos lados, y ambos están ocupados, uno en su juego absorbente, el otro en su apasionante trabajo, pero ambos están en perfecta comunión. Él sabe que ella está allí, y ella sabe que él está bien.

Para que el santo y el Salvador puedan continuar durante horas en la comunión silenciosa del amor, y él esté ocupado con las cosas más comunes, y sin embargo consciente de que cada pequeña cosa que hace se toca con la complexión de su presencia y el sentido de Su aprobación y bendición.

Y luego, cuando lo presionan con cargas y problemas demasiado complicados para ponerlos en palabras y demasiado misteriosos para contarlos o comprenderlos, ¡qué dulce es volver a caer en Sus brazos bendecidos, y sollozar la tristeza de que no podemos hablar!

--Seleccionado


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